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La economía más importante de quien decide

Lo que he encontrado al observar inflamación, metabolismo y decisiones de largo alcance

Por Oscar Asajiro Otsuka Villagrán

Otsuka.mx   Chihuahua México   Septiembre de 2026

Por qué quise mirar las cifras

Llegué a estas cifras por una necesidad personal. Llevo casi diez años estudiando la relación entre alimentación, metabolismo y rendimiento humano, primero en mi propio organismo y después en la población que me rodea. Los cambios en mi alimentación, acompañados por yoga diario, caminata, carrera y escalada, transformaron mi experiencia metabólica y se reflejaron en mi trabajo: pude sostener mejor el análisis, ordenar con mayor claridad una operación y aplicar con más precisión mi experiencia durante las consultorías a inversionistas.

Mi oficio me acostumbró a desconfiar de una impresión hasta contrastarla con hechos. Un activo puede parecer extraordinario y perder valor cuando se revisan sus números; también puede ocurrir lo contrario. Empecé a aplicar esa misma disciplina al cuerpo. La estadística médica me permitió averiguar si aquello que yo observaba aparecía también en miles o millones de personas, dentro de territorios con dietas e historias biológicas diferentes.

Busqué entonces una escala colectiva para mi experiencia. Encontré poblaciones enteras con cintura abdominal creciente, hígados infiltrados de grasa, insulina elevada y glucosa que avanza lentamente hacia la diabetes. Detrás de esos datos siguen existiendo personas que trabajan, conducen empresas, administran patrimonio y deciden desde un organismo que puede llevar años inflamándose en silencio.

Lo que aprendí a ver antes del diagnóstico

Aprendí a reconocer la inflamación metabólica por sus consecuencias antes de conocer todos sus nombres. Puede permanecer activa durante años y crecer alrededor de los órganos sin producir una alarma inmediata. El tejido adiposo visceral se expande, recibe menos oxígeno, atrae células inmunitarias y libera señales como interleucina 6 y factor de necrosis tumoral. El hígado aumenta la producción de proteína C reactiva, el músculo y el propio hígado pierden sensibilidad a la insulina y el páncreas intenta compensar. [21]

La compensación puede durar mucho tiempo. El páncreas secreta más insulina y consigue mantener la glucosa en ayuno dentro de rango, mientras después de las comidas comienzan elevaciones cada vez mayores. La cintura, los triglicéridos y la grasa hepática pueden revelar el proceso antes de que una medición aislada de glucosa lo haga evidente.

Por eso entiendo la obesidad visceral como inflamación activa y a la inflamación como una fuerza que agrava la resistencia a la insulina. El organismo entra en un circuito que acerca la cintura abdominal al hígado graso, la hipertensión, la diabetes tipo 2 y la enfermedad cardiovascular. Su avance suele ser lento; su alcance puede terminar siendo sistémico.

La inflamación que una apariencia esbelta puede ocultar

He visto personas consideradas esbeltas que viven con una distensión constante o con grasa acumulada alrededor de los órganos. El peso por sí solo ofrece muy poca información. Alrededor de 20 por ciento de los adultos con peso normal presenta un fenotipo metabólicamente enfermo, asociado con más del triple de riesgo de mortalidad total o enfermedad cardiovascular en la revisión que definió este grupo. [3]

La cintura ayuda a reconocer obesidad abdominal. La resonancia y otros métodos muestran la grasa ectópica que se deposita en hígado, músculo, páncreas y alrededor del corazón. La obesidad sarcopénica añade pérdida de músculo, precisamente el tejido que puede captar una parte importante de la glucosa. De esta manera, una persona puede conservar una silueta aceptada socialmente y convivir con resistencia a la insulina, triglicéridos altos, hígado graso e inflamación sistémica.

He visto la distensión intestinal convivir con grasa visceral, hígado graso, hiperinsulinemia e hiperglucemia. La fermentación, el gas, la retención de contenido y las alteraciones de motilidad pueden hacer visible una parte de esa carga corporal, mientras la inflamación metabólica avanza en tejidos y órganos. Lactosa, trigo y leguminosas pueden sumar respuestas digestivas, inmunitarias y energéticas que se expresan con distinta intensidad en cada población y en cada persona.

Cuando mi observación apareció en millones de personas

La cifra que terminó de cambiar mi escala fue esta: en 2023, alrededor de 1 540 millones de adultos vivían con síndrome metabólico. La prevalencia mundial había pasado de 11.9 por ciento en 2000 a 28.4 por ciento en 2023. Cintura abdominal, glucosa elevada, hipertensión y alteraciones de lípidos aparecían reunidas en una expresión cuantificable de la inflamación metabólica. [1]

El mapa mostró diferencias profundas. En América Latina y el Caribe, el síndrome metabólico alcanzó 38.0 por ciento de las mujeres y 25.5 por ciento de los hombres; en América Latina central llegó a 37.2 y 33.6 por ciento. Los países occidentales de altos ingresos registraron 40.0 por ciento en mujeres y 51.2 por ciento en hombres. Asia oriental alcanzó 37.0 y 27.2 por ciento. Leo estas diferencias como la huella territorial de una misma sobrecarga: azúcares, almidones, lácteos densos en energía, aceites y alcohol actúan sobre historias biológicas, niveles de actividad y condiciones sociales diferentes. [1]

La OMS calculó que en 2022 había 2 500 millones de adultos con sobrepeso, incluidos 890 millones con obesidad. El 43 por ciento de los adultos vivía con sobrepeso y el 16 por ciento con obesidad. La Región de las Américas llegó a 67 por ciento de sobrepeso, la proporción regional más alta. [2] Cuando una condición alcanza esa magnitud, deja de pertenecer únicamente a la consulta médica y se convierte en un problema económico y social.

México visto desde su metabolismo

México concentra el problema de una forma difícil de ignorar. Ensanut 2022 encontró 38.3 por ciento de sobrepeso, 36.9 por ciento de obesidad y 81.0 por ciento de obesidad abdominal entre los adultos. La misma encuesta estimó 12.6 por ciento de diabetes diagnosticada, 5.8 por ciento todavía sin diagnóstico y 22.1 por ciento de prediabetes. En conjunto, 18.4 por ciento de los adultos ya vivía con diabetes y otra quinta parte se encontraba avanzando hacia ella. [4] [5]

Nuestra población reúne ancestrías indígena americana, europea occidental, africana occidental y asiática oriental en proporciones que cambian entre las 32 entidades. El Biobanco Mexicano permitió observar esa diversidad y variantes como SLC16A11, frecuente en ancestría indígena americana y asociada con mayor probabilidad de diabetes tipo 2. Esta arquitectura genética vuelve especialmente costosa la exposición cotidiana a azúcares, harinas, almidones y otras fuentes concentradas de energía dentro de una población que ya registra 81 por ciento de obesidad abdominal. [6] [7]

Los pueblos pima emparentados a ambos lados de la frontera ofrecen una comparación que siempre me ha parecido reveladora. La prevalencia ajustada de diabetes tipo 2 fue 6.9 por ciento entre los pima de México y 38 por ciento entre los pima de Estados Unidos. Una población de origen compartido mostró una diferencia superior a cinco veces bajo ambientes, disponibilidad alimentaria y niveles de actividad distintos. [8]

Azúcares y energía acumulada en los órganos

La glucosa y la fructosa entran directamente al metabolismo. La sacarosa aporta ambas; la lactosa libera glucosa y galactosa; los almidones digeribles de las gramíneas terminan convertidos en glucosa. Cuando la cantidad y la frecuencia superan el gasto, la energía comienza a aparecer donde menos conviene: alrededor de los órganos y dentro del hígado, el músculo y el páncreas. Las bebidas azucaradas aceleran la exposición por su absorción rápida y su baja saciedad. [9]

En 2020 se atribuyeron a las bebidas azucaradas 2.2 millones de nuevos casos de diabetes tipo 2 y 1.2 millones de nuevos casos de enfermedad cardiovascular en 184 países. América Latina y el Caribe concentró 24.4 por ciento de los nuevos casos de diabetes y 11.3 por ciento de los cardiovasculares. En México las proporciones llegaron a 30.0 y 13.5 por ciento, equivalentes a 2 007 nuevos casos de diabetes y 721 cardiovasculares por cada millón de adultos. [9]

La historia permite apreciar la velocidad del cambio. Japón conoció el azúcar desde siglos tempranos como medicina, ofrenda y lujo; la producción interna creció durante el siglo XVIII y el consumo masivo llegó con la industrialización posterior. Europa amplió su disponibilidad mediante plantaciones atlánticas, refinerías, comercio colonial y bebidas estimulantes endulzadas. La exposición cotidiana y ubicua ocupa apenas una fracción de nuestra historia biológica. [10] [11]

Trigo maíz arroz y la repetición cotidiana

Observo el efecto de trigo, maíz, arroz, avena y cebada en su repetición cotidiana. La molienda fina multiplica la superficie disponible para la digestión y permite introducir varias porciones de grano en poco volumen. Panes, pastas, tortillas, galletas y acompañamientos pueden llevar almidón desde el desayuno hasta la cena. El organismo recibe así una entrada de glucosa sostenida por la costumbre y difícil de reconocer cuando cada porción se mira por separado.

La cohorte PURE siguió a 137 130 personas de 21 países durante una mediana de 9.5 años. Entre quienes consumían al menos 350 gramos diarios de granos refinados, la mortalidad total fue 27 por ciento mayor, los acontecimientos cardiovasculares aumentaron 33 por ciento y los accidentes cerebrovasculares 47 por ciento frente a consumos inferiores a 50 gramos diarios. La asociación más intensa apareció con cantidades altas de grano refinado, precisamente la forma que permite repetir almidón concentrado con mayor facilidad. [12]

El trigo añade vías inmunitarias y de permeabilidad intestinal a su carga de almidón. La enfermedad celíaca alcanza una prevalencia serológica mundial de 1.4 por ciento y una prevalencia confirmada por biopsia de 0.7 por ciento. La gliadina puede inducir liberación de zonulina mediante su interacción con CXCR3 y aumentar la permeabilidad intestinal; la digestión del gluten también libera péptidos con actividad opioide observada experimentalmente. La alergia al trigo sigue otra ruta. La molienda, la frecuencia, la permeabilidad intestinal y la susceptibilidad individual determinan la magnitud con la que estas vías se acumulan. [13] [35] [36]

Cuando la energía rebasa la capacidad del organismo

Cuando el glucógeno y el tejido adiposo subcutáneo dejan de absorber con eficacia la entrada cotidiana de energía, el excedente comienza a aparecer como grasa visceral y lípidos ectópicos. Hígado, músculo y páncreas reciben entonces una carga que interfiere con la señal de insulina y obliga al organismo a compensar durante años.

Ahí encuentro el punto común entre azúcares, almidones, harinas y lácteos densos en energía. El cuerpo debe oxidarlos o almacenarlos. La expansión de la grasa visceral libera señales inflamatorias, la grasa ectópica interfiere con la insulina y el páncreas aumenta su secreción para conservar la glucosa dentro de rango. Así se forman la hiperinsulinemia, la hiperglucemia progresiva y el síndrome metabólico que ya aparece en las estadísticas mundiales. [1] [2] [22]

Lo que he aprendido a distinguir en los lácteos

La capacidad de digerir grandes cantidades de lactosa durante la vida adulta apareció recientemente en términos evolutivos. Las variantes de persistencia de lactasa se expandieron durante los últimos 5 000 a 10 000 años en poblaciones pastoriles de Europa, África oriental y Medio Oriente. Su frecuencia permanece baja en gran parte de Asia oriental y entre numerosas poblaciones indígenas americanas. En México, esa historia evolutiva se encuentra todos los días con una oferta de leche, queso, crema y mantequilla mucho más abundante que la conocida por numerosas líneas ancestrales de nuestra población. [14]

La leche aporta lactosa, cuya digestión libera glucosa y galactosa. El queso, la crema y la mantequilla contienen menos lactosa y concentran grasa y energía en poco volumen. En el queso, la digestión de la caseína puede liberar péptidos con actividad opioide en condiciones experimentales; grasa, sal, glutamato, aroma y textura refuerzan la repetición. La menor cantidad de lactosa convive así con una matriz energética y de recompensa mucho más concentrada. [28] [35]

Cuando disminuye la lactasa, parte de la lactosa llega al colon, atrae agua y fermenta; aparecen gas, distensión, dolor o diarrea. Las proteínas de la leche pueden activar una respuesta inmunitaria en personas alérgicas. A estas rutas se suma la densidad energética de quesos, crema y mantequilla, capaz de favorecer grasa visceral cuando la exposición se repite sobre una alimentación ya abundante en azúcares y almidones. La juventud evolutiva de la adaptación, la respuesta digestiva y el efecto sobre la recompensa explican por qué observo los lácteos como una carga distinta en cada organismo. [14] [28] [35]

Leguminosas fermentación y carga diaria

Frijol, lenteja y garbanzo reúnen almidón, oligosacáridos fermentables, lectinas e inhibidores de proteasas en proporciones variables. El remojo y la cocción reducen parte de esos compuestos y modifican su digestión. Después de prepararlos, el almidón sigue formando parte de la carga energética diaria y los carbohidratos fermentables pueden producir gas, distensión y presión abdominal en organismos sensibles.

He observado que esa respuesta digestiva puede coincidir con grasa visceral, hiperinsulinemia e hiperglucemia. La preparación modifica la exposición; la porción y la frecuencia deciden cuánto almidón y cuánto material fermentable recibe el organismo. Por eso las estudio dentro de la suma diaria y de la respuesta concreta de cada persona, especialmente cuando ocupan el lugar de proteínas animales y vegetales íntegros.

Aceites energía concentrada y temperatura

Los aceites aportan alrededor de nueve kilocalorías por gramo. Una cantidad pequeña cambia con facilidad la energía total de una comida. Las grasas trans producidas mediante hidrogenación parcial agregan un riesgo cardiovascular bien documentado: la OMS les atribuye más de 278 000 muertes cada año, y una ingesta alta se asocia con 34 por ciento más mortalidad total, 28 por ciento más muerte coronaria y 21 por ciento más enfermedad coronaria. [17]

En los aceites refinados de semillas observo una combinación especialmente fácil de acumular: energía concentrada, exposición cotidiana y degradación por temperatura. La extracción, el refinado, el tiempo de calentamiento y la reutilización modifican el aceite antes de que llegue a las membranas celulares. Al oxidarse, los ácidos grasos poliinsaturados forman aldehídos reactivos como acroleína y 4 hidroxinonenal, capaces de aumentar estrés oxidativo, formar aductos con proteínas y activar rutas inflamatorias. [37]

Alcohol inflamación y pérdida de control

El alcohol aporta alrededor de siete kilocalorías por gramo y expone al organismo a acetaldehído, inflamación hepática, estrés oxidativo, hipertensión, arritmias, cáncer y lesiones. La OMS le atribuyó 2.6 millones de muertes en 2019: 1.6 millones por enfermedades no transmisibles, 700 000 por lesiones y 300 000 por enfermedades transmisibles. Alrededor de 400 millones de personas vivían con trastornos por consumo de alcohol. [19]

Para quien decide, la consecuencia puede comenzar mucho antes de una enfermedad diagnosticada. Durante la intoxicación, el etanol reduce inhibición, atención, coordinación y valoración del riesgo. Una operación que tardó años en construirse puede quedar comprometida durante unas horas de juicio alterado. La repetición añade después daño hepático, vascular y neurológico.

La economía que encuentro entre consumo y tratamiento

Al mirar la cadena completa encuentro dos mercados consecutivos. El primero vende una exposición cotidiana; el segundo atiende durante años una parte de sus consecuencias. A medida que se extienden diabetes, hipertensión, dislipidemia, hígado graso, dolor y trastornos del sueño, crece también la demanda de consultas, análisis, dispositivos y medicamentos. La enfermedad crónica puede sostener ingresos durante décadas.

Algunas estructuras corporativas permiten observar esa continuidad. Meiji Holdings reúne lácteos, helados, chocolates y golosinas junto con Meiji Seika Pharma. Kirin integra bebidas, alimentos y ciencias de la salud con Kyowa Kirin. Philip Morris adquirió General Foods en 1985 y Kraft en 1988, y durante más de dos décadas mantuvo marcas alimentarias dentro de una organización con gran experiencia en mercadotecnia masiva y repetición del consumo. Esta arquitectura permite participar en varios momentos de la misma economía: exposición alimentaria, repetición de compra, enfermedad crónica y tratamiento prolongado. [23] [24] [25]

La medicina profesional moderna tomó forma durante el siglo XX alrededor del laboratorio, la universidad y el hospital. El informe Flexner de 1910 convirtió el modelo biomédico en el patrón de formación, mientras la industria farmacéutica desarrollaba la capacidad de financiar ensayos, patentar, fabricar y distribuir medicamentos y participar en la educación médica continua. La profesión y la industria crecieron dentro de una misma infraestructura científica, hospitalaria y financiera. En una encuesta nacional de Estados Unidos publicada en 2007, 94 por ciento de los médicos informó algún vínculo con la industria, desde muestras y alimentos hasta pagos por consultoría o actividades profesionales. Esa relación económica forma parte de la medicina contemporánea y ayuda a entender por qué el tratamiento prolongado ocupa mucho más espacio que la prevención de la exposición cotidiana. [26] [27]

También observo una economía de la repetición. Los alimentos que combinan grasa y carbohidrato recibieron mayor valoración y produjeron respuestas cerebrales superiores a alimentos con energía comparable de un solo componente. En otra intervención, ocho semanas de una colación diaria alta en grasa y azúcar cambiaron el aprendizaje de recompensa incluso sin aumento de peso. La dopamina participa en el aprendizaje de aquello que volvemos a buscar; los opioides endógenos, en el agrado. La industria puede convertir esa memoria fisiológica en compras recurrentes. [28] [29] [30]

México ocupa un lugar especialmente vulnerable dentro de esa economía. Entre 1988 y 2012, los autores de un estudio estimaron que la exposición a importaciones alimentarias de Estados Unidos explicó alrededor de 10 por ciento del aumento de obesidad entre las mujeres mexicanas, con mayor efecto en las zonas más expuestas a productos asociados con obesidad. Otro trabajo documentó seis estrategias de actividad política corporativa de la industria de bebidas azucaradas, entre ellas oposición fiscal, construcción de relaciones e influencia directa o mediante terceros. Llamo colonia de consumo al territorio que recibe productos y prácticas comerciales cuyo beneficio se concentra, mientras el costo metabólico se distribuye entre familias, empresas y sistema de salud. [31] [32]

En ese mismo territorio bebemos lo que he llamado aguas insalubremente potables. La NOM 127 permite un límite inicial de arsénico de 0.025 miligramos por litro y establece su descenso a 0.010 según el tamaño de la localidad; el fluoruro pasa de 1.5 a 1.0 miligramos por litro con plazos de uno, tres o seis años. En un estudio de 1 119 habitantes de Chihuahua, las muestras abarcaron de 0.1 a 419.8 microgramos de arsénico por litro y de 0.05 a 11.8 miligramos de fluoruro por litro, con coexistencia frecuente. La palabra potable puede describir cumplimiento jurídico mientras el organismo acumula una exposición química. [33] [34]

Para mí, la corrupción sanitaria se vuelve visible en decisiones, inspecciones omitidas, excepciones y demoras que trasladan el riesgo industrial a la población. Un contaminante permanece sin corregirse, un límite se posterga o una empresa regulada dispone de más capacidad técnica y jurídica que la institución encargada de vigilarla. El costo termina expresado en enfermedad, gasto familiar, menor productividad y presión sobre el sistema de salud. [32] [34]

Cómo la inflamación termina convertida en padecimiento

La inflamación metabólica y la resistencia a la insulina obligan al páncreas a producir cantidades crecientes hasta que la compensación resulta insuficiente y aparece la diabetes tipo 2. La grasa ectópica favorece en el hígado la enfermedad esteatósica asociada con disfunción metabólica, capaz de progresar hacia inflamación, fibrosis, cirrosis y cáncer. La hipertensión, los triglicéridos altos y la disfunción endotelial elevan el riesgo de infarto y accidente cerebrovascular. La hiperglucemia sostenida lesiona la microcirculación del riñón, la retina y los nervios. Son distintas manifestaciones de una misma economía biológica sometida durante años a una entrada de energía que rebasa su capacidad de uso y almacenamiento seguro.

El cerebro recibe también las consecuencias. La inflamación sistémica, la resistencia a la insulina, el daño microvascular y los accidentes cerebrovasculares reducen la reserva cognitiva. Un metaanálisis de 28 estudios encontró que la diabetes se asociaba con 73 por ciento más riesgo de demencia total, 56 por ciento más enfermedad de Alzheimer y 127 por ciento más demencia vascular. [20]

En la vida cotidiana, estas enfermedades se sienten como cansancio, sueño fragmentado, apnea, dolor, pérdida sensorial, menor movilidad y una carga farmacológica creciente. Ahí se cierra el vínculo con quien decide: atención, memoria de trabajo, paciencia y continuidad ejecutiva dependen del sistema orgánico que la alimentación ayuda a conservar o deteriorar durante años.

La economía biológica que aprendí a cuidar

En el primer artículo llamé capital biológico a la capacidad física y metabólica que sostiene mis decisiones. Las cifras reunidas aquí me permitieron ver su dimensión colectiva. La inflamación aparece en la cintura y también en el hígado de una persona esbelta. Puede manifestarse primero en la insulina y llegar después a la glucosa en ayuno. Avanza lentamente hacia vasos, órganos y cerebro.

La escala mundial revela 1 540 millones de adultos con síndrome metabólico, 2 500 millones con sobrepeso y 890 millones con obesidad. México agrega una señal que me resulta difícil aceptar como normal: 81 por ciento de obesidad abdominal y 30 por ciento de los nuevos casos de diabetes atribuibles a bebidas azucaradas.

Detrás de esas cifras encuentro la repetición diaria de azúcares añadidos, almidones de trigo, maíz, arroz y otras gramíneas, harinas, lácteos densos en energía, aceites y alcohol. Se suman las respuestas inmunitarias o digestivas al gluten, las proteínas de la leche y los carbohidratos fermentables en personas susceptibles. La industria organiza disponibilidad, recompensa, publicidad y repetición; el organismo recibe la energía y acumula el costo. Por eso mantengo la base alimentaria que expuse en el primer artículo: proteínas animales bien obtenidas, vegetales íntegros, grasas estables y agua limpia. Esa base protege el capital biológico que sostiene el pensamiento y la decisión.

He comprendido que despertar empieza por observar el cuerpo con la misma seriedad con la que observo un balance, un riesgo o una inversión. Cada decisión importante depende de esa infraestructura silenciosa. Cada comida participa en su conservación o en su desgaste. Esa es, para mí, la economía más importante de quien decide.

Fuentes

1. Noubiap JJ et al. Worldwide trends in metabolic syndrome from 2000 to 2023. Nature Communications. 2025. DOI 10.1038/s41467-025-67268-5. Enlace

2. World Health Organization. Obesity and overweight. Actualización 2025. Enlace

3. Stefan N, Schick F, Häring HU. Causes Characteristics and Consequences of Metabolically Unhealthy Normal Weight in Humans. Cell Metabolism. 2017. PMID 28768170. Enlace

4. Campos Nonato I et al. Prevalencia de obesidad y factores de riesgo asociados en adultos mexicanos Ensanut 2022. Salud Pública de México. 2023. DOI 10.21149/14809. Enlace

5. Basto Abreu A et al. Prevalencia de prediabetes y diabetes en México Ensanut 2022. Salud Pública de México. 2023. PMID 38060942. Enlace

6. Sohail M et al. The Mexican Biobank advances population and medical genomics of diverse ancestries. Nature. 2023. DOI 10.1038/s41586-023-06560-0. Enlace

7. SIGMA Type 2 Diabetes Consortium. Sequence variants in SLC16A11 are a common risk factor for type 2 diabetes in Mexico. Nature. 2014. DOI 10.1038/nature12828. Enlace

8. Schulz LO et al. Effects of Traditional and Western Environments on Prevalence of Type 2 Diabetes in Pima Indians in Mexico and the United States. Diabetes Care. 2006. DOI 10.2337/dc06-0138. Enlace

9. Lara Castor L et al. Burdens of type 2 diabetes and cardiovascular disease attributable to sugar sweetened beverages in 184 countries. Nature Medicine. 2025. DOI 10.1038/s41591-024-03345-4. Enlace

10. Rath EC and Watanabe T. Amai Sweets and Sweeteners in Japanese History. Gastronomica. 2023. Enlace

11. Mintz SW. Sweetness and Power The Place of Sugar in Modern History. Penguin Books. 1985. Enlace

12. Swaminathan S et al. Associations of cereal grains intake with cardiovascular disease and mortality across 21 countries. The BMJ. 2021. DOI 10.1136/bmj.m4948. Enlace

13. Singh P et al. Global Prevalence of Celiac Disease. Clinical Gastroenterology and Hepatology. 2018. DOI 10.1016/j.cgh.2017.06.037. Enlace

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24. Kirin Holdings Company. Kirin Group corporate information. 2026. Enlace

25. Altria Group. Our Heritage. Actualización 2026. Enlace

26. Duffy TP. The Flexner Report 100 Years Later. Yale Journal of Biology and Medicine. 2011. PMID 21966046. Enlace

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29. Thanarajah SE et al. Habitual daily intake of a sweet and fatty snack modulates reward processing in humans. Cell Metabolism. 2023. DOI 10.1016/j.cmet.2023.02.015. Enlace

30. Berridge KC and Robinson TE. Liking wanting and the incentive sensitization theory of addiction. American Psychologist. 2016. DOI 10.1037/amp0000059. Enlace

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D. R. © 2026 Oscar Asajiro Otsuka Villagrán. Todos los derechos reservados.

“La economía más importante de quien decide” es una obra original de Oscar Asajiro Otsuka Villagrán, publicada originalmente en Otsuka.mx. Se reservan los derechos de reproducción, adaptación, distribución, comunicación y publicación total o parcial de la obra, salvo los usos expresamente permitidos por la legislación aplicable. En los casos de cita o referencia permitidos, deberá reconocerse la autoría y señalarse www.otsuka.mx como fuente de la publicación original.

Publicación original: www.otsuka.mx

Autor: Oscar Asajiro Otsuka Villagrán

Primera publicación: 20 de septiembre del 2026

Revisión: 20 de septiembre de 2026

Versión: 1.0

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